Las Promesas

de Dios

 

Sus promesas son inmensas
como mares infinitos.
Hermosas e incomparables
que rebosan poderío.

Ellas son refugio al justo,
y defensa que dan fuerza.
Son murallas que sostienen,
castillos de fortaleza.

Ellas son ante la duda
ese faro que rescata,
rodeando en la gran lucha
de extensa y espesa calma.

Sus promesas son eternas,
sublimes, firmes verdades,
fieles cual no se hallan,
siempre inquebrantables.

En ellas arraigada llevan
toda la luz que se abraza
de esa misteriosa certeza
de convicción maravillada.

Ellas revelan las fuentes
que al alcance tiene el alma,
el alma que buscó a Dios
y en El puso su esperanza.


Cristo Viene

Jesús nació y murió
por todo pecador.
Su cuerpo al sepultarlo
no vio la corrupción.
Y como había prometido
al tercer día resucitó,
y en una nube blanca
al cielo El subió.
Al no verlo los apóstoles
tristeza les entró.
Pero un ángel del cielo
se les apareció diciendo:
no estar tristes
por la separación,
que lo mismo que se ha ido
pronto El vendrá,
triunfante como hombre
glorioso como Dios,
y a todos sus hijos
se los llevará
a reinar en los cielos
por toda la eternidad.

Di que ya amaneció
 
Deja el quejido frustrado del alma,
suelta la pena de la turbación.
Hunde en la llaga medicina que sana,
y levanta potente, clamando a gran voz,
que hay manantial que abunda la vida,
y torna lo oscuro en día de amor, amor
que penetra quitando a tinieblas
su espada mortífera de horrible prisión.
Y henchido extiende allá tu mirada,
pronuncia muy alto que ya amaneció.
Que Cristo redime, que Cristo te salva,
que su luz eterna potente venció,
y esparce la dicha de paz que revive
por fuera y por dentro de tu corazón

Dame, hijo mío, tu corazón
 
“Dame, hijo mío, tu corazón,
Y miren tus ojos por mis caminos.”
Proverbios 23:26
 
Tus tesoros más preciosos,
O tus ricos dones más valiosos,
No los necesito hijo mío.
Más que sólo tu tiempo
Te pido sólo un momento,
Más que sólo tus logros,
Y toda tu devoción,
DAME HIJO MÍO TU CORAZÓN
 
¿Dónde está Dios?

Donde quiera, Señor, que estés,
Sois mi fiel testigo Vos;
Y oigo en mí una voz que dice:
"Mira que te mira Dios"

Si la tentación me asalta,
De Dios mi vista apartando,
"¡Alerta! --la voz me dice--
Mira que te está mirando."

Si me brinda con sus goces
Lisonjero porvenir,
La voz de nuevo me advierte:
"Mira que te has de morir."

Y si me juzgo seguro,
Y al peligro despreciando,
Severa la voz añade:
"Mira que no sabes cuando"

Mira que te mira Dios;
Mira que te está mirando;
Mira que te has de morir;
Mira que no sabes cuando.

Sus dones y Su perdón

Tú, Señor, diste los ojos,
bendición de tu mano de poder.
Con cabizbaja y tristeza
confesamos el mal de nuestro ver.
Quitamos la mirada de ti;
tu hermosura, tu gozo a esconder.
Tú, Señor, diste las manos,
maravillas de tu mano de amor.
Con vergüenza admitimos
la flojedad de nuestro fervor;
Despreocupados por tu obra
hemos sido servidores de deshonor.
Tú, Señor, diste nuestros pies,
milagros de tu mano potente,
para llevar el santo Evangelio
del oriente al occidente.
Más hemos abusado de tu bondad
con una actitud indiferente.
Tú, Señor, diste nuestra boca,
fortuna de tu mano de plenitud.
Mereces toda alabanza y gloria,
mas en nosotros no hay gratitud;
Llenos de quejas y amargura,
callados de tu gran virtud.
OH, Señor, más bajo no podemos ir;
Gracias por tu gran perdón.
¡Qué esperanza de estar limpios!
¡Qué consuelo nos brinda tu don!
OH, Señor, ayúdanos a seguirte de cerca
y cada miembro nuestro darte de corazón.
 
El Regalo de Dios
 
No fue dado en caja elegante
Envuelto para brillar;
Dios puso su Regalo de Navidad
En una cuadra sobre el pajar.
 
Sin cintas de oro para atar
El Regalo del Sumo Dador;
Vino envuelto en pañales,
Con cuerdas celestes de amor.
 
No hubo luces, ni un árbol
Para  esperar con ilusión;
Fue clavado a un árbol en Gólgota
Donde el Regalo allí murió.
 
Le bajaron de aquel árbol,
Le enterraron como ser mortal;
Mas la muerte no detuvo
A este Regalo eternal.
 
La mano de Dios le levantó
De su tumba de repente;
y a la humanidad para siempre
Le dio el Salvador viviente

El Tiempo

Al corazón que lleno de angustia en medio del mundo hoy está,
tú ofreces la paz que busca y le llenas de felicidad.

Gloria a Dios en las alturas
 
Gloria a Dios en las alturas,
Las huestes celestiales cantaron;
Loando a Dios, proclamando al mundo,
Los cielos en fulgor rompieron.
 
Gloria a Dios en las alturas,
El prometido Salvador nació;
El Bebé, Jesús, en pesebre puedes ver,
El heno tranquilo durmió.
 
Gloria a Dios en las alturas,
Han venido la paz y Salvación;
La esperada y gran promesa de Dios
En su hijo la culminación.
 
Gloria a Dios en las alturas,
Por este Regalo a todo ser;
Nuestra alabanza damos al gran Dador
Y gratitud a más no poder.

¡OH, Jesús!

Cuan grandes son las cosas
Que sobre ti se pueden confiar,
Cuan inmensos e incontables los sentimientos
Que sobre ti he guardado.
Tú que alimentas la esperanza cada mañana
Para que en ti yo sea reafirmado.
Tú que con gran amor has vuelto mi vida
Hacia ti cuando yo menos lo esperaba,
Grande es tu fidelidad.
Tú que me levantas con tus manos
Y eres fiel amigo en la aflicción.
Quisiera poder ser como Tú,
Tener auque sea un poco de tu fidelidad,
Del amor tan grande que has depositado
No sólo en mí, sino en todos aquellos
Que te buscan con el corazón.
Gracias, OH Jesús, porque Tú eres la luz
Que ilumina mi ser y el de todos los
Que realmente creen en ti,
A ti dedico estas líneas con el corazón.
 
El lamento de Dios
 
Dios está en su solio
solemnemente callado.
Contempla la escena humana
y una santa ira le inflama
mas el amor le detiene apaciguado.
Dios lleva sus manos sobre el rostro
y quiere volvernos la espalda,
pero aún así, él lo ve todo
y siente deseos de tomar la espada.
Dios retrocede en el tiempo,
echa un vistazo en el pasado
y ve un sacrificio perfecto;
es el de Su Hijo en la cruz clavado.
La obra de Su Hijo le mueve a la compasión
y le estimula a la paciencia,
tal vez despertará la conciencia
de los que viven en error.
Dios sigue solemnemente callado
mientras los necios le insultan,
"los ricos" le ignoran,
"los sabios" le juzgan,
y "los fuertes" no oran.
Dios mira al Hijo y a sus heridas,
quien siempre ha hecho sus delicias,
quien no conoció el pecado,
quien nunca le ha enojado
y la justicia ha magnificado.
Dios antaño, en Cristo, hizo un lamento:
Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas,

tienes nombre de que vives pero estás muerta,
se lamentó, hablando a una iglesia.
Pero viene un día en que se lamentarán
todas las tribus de la tierra.
De la higuera aprended la parábola,
nos dijo, cuando veáis que sus ramas están tiernas.
Sabéis por vosotros mismos que el verano está cerca,
y viene, viene el día del fuego
en el cual todo será revelado.
El fuego manifestará el material
con el que hemos edificado.
¿Qué sentimos cuando pensamos en ese día?
¿Sube a nuestro corazón gozo o alegría?
¿O tal vez sentimos horror y pesadilla?
Pensamos que El nos dará la corona
si hemos tomado nuestra vida en broma.
Aunque El está solemnemente callado
no creamos que pueda ser burlado.
Si le negaremos El también nos negará,
asevera la Escritura, y no se equivocará.
Señor, hazme recordar tu exhortación
que como a hijo me diriges.
Disciplíname, repréndeme, exhórtame
para que afirme mi vocación.
Llévame a la roca que es más alta que yo,
para que desde esa roca que está  en los cielos
pueda contemplar este mundo tal cual es,
pasajero y efímero. Hazme andar por las aguas
como a Pedro, y con mi pequeña fe
pueda a otros guiar al Reino Eterno.
 
Las Promesas de Dios
 
Sus promesas son inmensas
como mares infinitos.
Hermosas e incomparables
que rebosan poderío.
Ellas son refugio al justo,
y defensa que dan fuerza.
Son murallas que sostienen,
castillos de fortaleza.
Ellas son ante la duda
ese faro que rescata,
rodeando en la gran lucha
de extensa y espesa calma.
Sus promesas son eternas,
sublimes, firmes verdades,
fieles cual no se hallan,
siempre inquebrantables.
En ellas arraigada llevan
toda la luz que se abraza
de esa misteriosa certeza
de convicción maravillada.
Ellas revelan las fuentes
que al alcance tiene el alma,
el alma que buscó a Dios
y en El puso su esperanza.

Ríos de agua viva

Ríos, ríos de agua viva
bañarme quiero en vuestras aguas,
esas que purifican, esparciendo la calma
tranquilas rebosando de alegría.
¡Refrescar en mi desierto el alma mía!
Ríos, ríos de agua viva
ungir mi voz y mi canto,
y abundante caudal de vuestra riqueza
os encuentre siempre regándome.
¡Correr y llenar presurosos mi vida!
Ríos, ríos de agua viva
dejadme gustar vuestro tesoro,
ser desbordado por esas fuentes bendecidas
siendo el estanque rebosante de tal dicha.
¡Ser en mi vaso siempre amados!
"El que cree en mí, como dice la Escritura,
De su interior correrán ríos de agua viva." 
(Juan 7:38)
 
Rosa en el desierto

Me vio allí en el sequedal del mundo

y dióme su Hermosura más querida.
Era espino y rosa me convirtió su mano,
aunque en mi tallo aún quedara el rastro
de lo que fui en el desierto de esta vida.
Ahora, suya, me guarda, con amor me cuida
y su gracia riega y vivifica el alma mía.
¡Qué bella rosa me ve y qué preciada!
¡Qué bella flor para El y tan amada!
que asida me lleva en Su presencia y dicha.
Pero, El sabe que soy rosa en el desierto,
y en el desierto voy, aunque peregrina,
a veces frágil y débil, otras amarga y dura,
por ello, arranca las espinas que al ajeno hieren
y limpia lo que al corazón le ahoga y contamina

Para que al llegar al Jardín de Su Hermosura

Su gloria brille en mí cual rocío diamantino,
y sea grato olor de Cristo, rosa pura. 
 Sabes del Corazón

Señor, Tú sabes del corazón,
lo profundo, lo más escondido,
pues tus ojos alcanzan lo eterno,
tu entendimiento el infinito.

Tú sabes su frialdad y tibieza
o si se enciende candente de amor.
Sabes las intenciones que abriga,
las razones que empujan su acción.

Sabes su oscuro afán vanidoso,
lóbregas raíces maquinando maldad.
Bebiendo el veneno vil y tenebroso
del abismo que fruto amargo tendrá.

Tú sabes los temores que abriga,
las heridas y tristezas que están.
Lo que le domina y le vence,
con lo que se goza y fuerte se hará.

OH, Señor, Tú lo sabes todo,
¿quién de Ti se esconderá?

Saludando a las pruebas

Los ánimos mal pensados,
Y de entendimientos bajos,
Juzgan que son los trabajos
Azote de los pecados.
Y aunque a veces es verdad
Las más veces Dios ordena,
Que crezca el trabajo y pena
Al paso de la bondad.
 
Los apóstoles sagrados
Y los santos más queridos,
Fueron los más perseguidos
Porque eran más amados.
Que costumbre es del Señor,
Para mayor gloria y nombre,
Dar los trabajos al hombre
A medida del amor.
 
Levantad el pensamiento,
Tened en mucho ese mal,
Pues viene de mano tal
Con tal fin y tal intento;
Y cuando de agudo os hiere
Con golpe crudo el dolor
Sufridlo con mucho amor
Sólo porque Dios lo quiere.
 
Y salid a recibirle
Con rostro claro y sereno
Abriendo del alma el seno
Cuando la sintáis venir.
Y con dulzura y sabor
Seáis -decidle- bienvenido,
Que en ser de quien sois venido
Sois dulces, aunque sois dolor.
 
En buena lid no se halla
Que esté el capitán muriendo
Y los soldados huyendo
Los golpes de la batalla,
Y aunque sea el mal cruel,
Sufridlo, que bien podéis,
Pues que tan claro entendéis
Que sufrió más por Vos El.

Santa Palabra

Santa Palabra del Dios Altísimo
cuánta fortaleza a mi ser derramas,
en el desánimo vivificas con tus promesas,
y alejas los desvaríos que en mi afán se hallan.
Eres eterna agua que sacia y cura,
y si el negro velo asalta mi endeble alma,
la sacas a flote, y le das luz y esperanza,
en los raudales inagotables de tu gracia.
Eres Palabra fiel, hermosa y pura,
que iluminas y juzgas todo miedo y toda duda,
y me devuelves la serenidad.
Y como un soplo de suave viento
besas mi frente, agotada de pensamientos,
y renace, otra vez, la libertad.

Las sendas del pecado

En las sendas del vicio
no hay sensibilidad
han perdido el juicio
quienes por ellos van.

Allí reina el Príncipe del aire
hay "un olor a satisfacción"
por el goce de la carne
pero todo ocurre en la imaginación.

El retiene en sus garras
a los hijos de desobediencia
los que viven en concupiscencia,
los sensuales que no tienen las arras.

También es un "gran maestro"
y da clases en la universidad
para la mentira es muy diestro
y siempre te aleja de la verdad.

Dice en la clase de filosofía:
Puedes hacer lo que quieras,
puedes vivir en las orgías
y pasar por las borracheras,
entrégate a la idolatría,
consulta a las hechiceras.

Es el león rugiente
que a todos infunde temor
que a las masas guía al error
y es por el temor a la muerte
que tiene a todos en prisión.

Pero por gracia conozco la libertad.
Dios proveyó mi redención,
en Jesucristo, es la verdad.
Me ha dado el gozo del perdón. 


Solo en ti

¡A quién buscará mi corazón, OH Señor!
Si al buscar fuera de ti, debo confesar que aunque hay veces
en que el mundo parece consumirme, tú me muestras cual es la verdadera luz.
Si en mis fuerzas yo buscase agradarte y glorificarte,
quizás al principio consiga mi propósito, peor la verdad es que solamente
tú das la fuerza y la gracia que a cada momento mi alma necesita para amarte.
Gracias infinitas te doy Señor porque eres tú quien,
con un amor que yo no puedo comprender,
das a mi vida todo lo necesario para hacerme tan feliz. 
Si ves en mí

Señor, hoy caminé en silencio
sin decir apenas nada;
sólo me fijé en el cielo
y te dije estas palabras:

Si ves que mi agonía crece
turbando mi corazón,
dame con Tu fuerza aliento,
poder en la tentación.

Si ves que siempre me irrito
y que mi enojo se eleva,
humíllame hasta el polvo,
derrúmbame sobre tierra.

Rómpeme, pues, mi tormento
que en el alma se me encierra,
y elévame los suspiros
hasta la más alta estrella.

Si ves, Señor, que deliro
en esas noches tan negras,
y los reproches se alzan
ingratitudes inmensas.

Si ves que voy afanado
sólo buscando lo mío,
dando golpes en el aire
desesperado, y sin alivio.

Dame tu luz primorosa
que alumbre mi entendimiento,
que buscando yo lo tuyo
sé que encontraré el resto.

OH, Señor, si ves acaso
alguna falta y olvido,
algún desdén, injusticia,
orgullo o egoísmo,

Quítalos con Tu vara
Quítalos con Tu cariño.


Dios Todopoderoso

Dios de lo imposible, nada difícil para ti.
Ilimitado poderío, majestuoso, alto, incomprensible.
Brindas tu mano fuerte para salvar, levantas y abates.
Ante Ti ¿quién se tendrá en pie?.
Dios de los montes, también de los valles.
El único, el mismo, el Omnipotente, Altísimo y Eterno,
En Ti están los tiempos y las edades.
Nada se esconde de tu vigilancia,
Nada respira sino por tu Palabra.
Tú formas, y Tú deshaces, Tú hablas y es hecho,
Tú mandas y eres obedecido.
Se inclina a Ti el Universo, lo grande y lo pequeño.
Lo más insignificante lo conoces, lo diriges,
Lo escudriñas, nada escapará.
Conviertes lo que es en lo que jamás pudo haber sido,
Y lo que puede ser lo detienes.
Todopoderoso, así te declaraste, así Tú te mostraste,
Y tú Nombre fue temido al oír tus hechos portentosos.
Tiemblan, por esta causa, tus enemigos,
Y los que esperan en Ti se alegran con inmenso gozo.
¡OH Dios, Dios nuestro, Dios Todopoderoso!
 
Tres veces Santo

Tres veces: ¡Santo, Santo, Santo!,
loores los ángeles cantan
y la tierra que escucha gimiendo
se levanta encendido su fuego,
y las aves refrenan su vuelo,
y los mares aquietan sus aguas,
y los vientos enmudecen serenos
con los cielos que los acompañan.
Postrado nuestro ser, nuestra vida.
Entregando todo afán, toda carga.
Olvidando lo de atrás, lo de hoy,
y el qué, y el cómo de mañana.
Allí en quietud silenciosa y dulce
El júbilo se prende, se alza
meditando en lo que Tú, OH Señor, eres.
Nuestra alma: ¡Santo, Santo, Santo! Exclama

Tus obras me hablan, OH Señor

Alabanza y gloria sea a ti Señor,
fundador de todo lo que cada día contemplo.
Las aves hablan de ti cada vez que baten sus alas,
enseñándome que solo tú traes libertad.
El sol que cada mañana se levanta en el oriente
y resplandece para dar luz y calor,
me demuestra que tus misericordias
nuevas son cada mañana.
Los animales que no se preocupan
por lo que habrán de comer o beber
me enseñan que tú tienes cuidado de mi corazón.
Y la luna, Señor, me enseña que
aún en la mayor oscuridad,
tú luz estará siempre para alumbrar.


Vuelve a Guiarme

Vuelve a guiarme.
Dices que volverás a hacerlo antes
si cumplo tus mandatos, si sigo tus veredas al avanzar.
Vuelve a insistirme.
El mismo pecado que siempre
no lo quiero, no lo olvido y no lo puedo aguantar.
Vuelve a sujetarme.
En el camino cada paso
se hace insostenible y me queda mucho por andar.
Vuelve a asistirme.
De nuevo en el valle de sombra y muerte
si me das Tu mano y guías mi sendero, al fin, lo podré lograr.
Vuelve a obsequiarme,
con esa paz que Tú sólo puedes darme.
Si Tú estás conmigo estoy listo para triunfar.
Vuelve a vestirme.
Yo sin Tu amor no soy, ni tengo nada.
Álzame sobre el viento y hazme en sus lomos cabalgar
.
 














































































































































































































































Corporacion Social Dios es Amor - Iglesia Cristiana - Linderos Nº1271 - Fono: 212988
 
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